Las emociones en los niños

Las emociones más complicadas de manejar en niños

Se podría decir que los seres humanos somos empáticos por naturaleza, pero esta capacidad puede fomentarse o anularse según la manera en la que somos educados y tratados desde la infancia; por ello hay que prestarle especial atención a este aspecto que parece que ya está interiorizado , pero no es así.

Las emociones en los niños

Se debe fomentar y trabajar cada día y en aquellas situaciones que así lo requieren. Es de suma importancia tratar con los niños desde pequeños el tema de las emociones, ponerles nombre cuando suceden determinadas situaciones, para que ellos también las puedan identificar, consiguiendo también que no se frustren tanto al no conseguir lo que desean. El tema de las frustraciones en edad temprana también es un tema interesante para debatir, puesto que como adultos cometemos en muchas ocasiones el error de querer “darles todo”, porque vemos que sufren y lloran si algo no es como ellos quieren. Pero forma parte de la vida también llevarse esas desilusiones, para hacer que quieran repetir con más ganas aun si cabe.

La empatía

Volviendo con la empatía siempre se ha dicho que los niños la tienen más desarrollada que los adultos, pero no se trata de tenerla más o menos desarrollada, sino de que los adultos la hemos perdido o nos hemos acostumbrado a determinadas situaciones, olvidándonos que hay determinadas cosas que aunque siempre se hayan hecho así, no quiere decir que estén bien hechas, como ocurre con gritos, peleas y demás actos violentos que estamos hartos de observar, en la televisión y en la vida real.

¿Es positiva la competitividad?

Las emociones más complicadas de manejar en niños

La sociedad en la que vivimos es tremendamente competitiva, y muchos padres traspasan esta competitividad a sus hijos, los cuales interiorizan y aprenden que deben hacer para que su manera de actuar sea como los demás esperan y que cuanto mejor lo hacen, más reconocimiento reciben. Poniéndonos en situación si  para que un niño gane el otro tiene que perder, los niños dejan de empatizar con la derrota o el fracaso de los demás, porque ellos han conseguido ser los primeros y eso es algo que los adultos valoran. Una vez más vemos el tremendo daño que como adultos les podemos hacer, porque los niños quieren “caernos” bien y siguen nuestro ejemplo y nuestras directrices, aunque eso signifique dejar de lado a los demás y perder la empatía.

Y es que está muy bien pensar en el bienestar de uno mismo, pero sin descuidar el de los demás, el de las personas que nos rodean y hacen que nuestra vida sea mejor. Si no estamos bien con nosotros mismos, no lo estaremos con los demás, pero si no facilitamos la vida a quien nos rodea, tampoco seremos plenamente felices.

¿Practicamos la empatía a diario, o tan solo en determinadas situaciones?

¿Sabemos expresar lo que sentimos de manera libre?


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