escuela inclusiva

Crear una escuela inclusiva: ¿cómo empezamos?

Lograr un contexto inclusivo en un centro educativo es un reto desafiante y que requiere acciones de todos los agentes involucrados e interesados en crear un ambiente basado en la diversidad natural que existe en la sociedad. Muchas veces es necesaria la orientación de expertos o de personas con experiencia en escuelas inclusivas, pero también, las malas prácticas que hemos vivenciado sirven para saber lo que no debemos replicar.

Agentes de transformación

Son muchas las instituciones y personas llamadas a colaborar con la transformación hacia una escuela inclusiva e integral. Es importante que cada estado desarrolle políticas educacionales que tengan como objetivo la inclusión efectiva, con acciones que realmente se puedan llevar a la práctica y con recursos suficientes a disposición para llevarlas a cabo. Luego, el compromiso de las instituciones involucradas y creadas para favorecer la inclusión, debe ser completo. Me refiero a instituciones relacionadas con la niñez y sus derechos, con la discapacidad y la inclusión social; corporaciones que trabajan con niños vulnerados, protectoras de la infancia, municipalidades o alcaldías a cargo de la educación pública, instituciones de educación privada y otros. Además, las personas directamente involucradas en la educación: sostenedores, directores, docentes, y la comunidad educativa en su totalidad.

Sin esta cadena de agentes, es muy difícil cumplir el objetivo, ya que lograrlo involucra transformar mentalidades, desarrollar actividades que reúna a la comunidad, educar en valores, cambiar la visión discapacitada sobre las capacidades diferentes, invertir en una estructura inclusiva, planes de estudio y metodologías dirigidas a la diversidad y mucho más.

¿Por dónde podemos empezar?

Para realizar transformaciones significativas, todos los miembros de la comunidad educativa deben asumir el compromiso y estar dispuestos a aprender y a ejecutar las acciones dirigidas al objetivo ambicioso que se proponen.

Algunos puntos a tener en cuenta para comenzar:

  • Una escuela inclusiva no es aquella que sólo recibe a niños o adolescentes con “discapacidades”. El abrir las puertas a la “discapacidad” no transforma inmediatamente a la escuela en un ejemplo de conciencia de la diversidad. La inclusión involucra muchos aspectos más que matricular alumnos con dificultades en el aprendizaje y contratar especialistas para ayudarlos.
  • Inclusión en la educación es valorar y atender a la diversidad. La comunidad educativa debe poseer una mentalidad basada en que todos somos distintos y que eso enriquece la experiencia educativa. Una vez que esto sea asimilado, es importante apreciar esta multiplicidad. Generalmente, se cree que una educación inclusiva es aquella que integra y respeta a las personas “discapacitadas”, pero no se comprende que la diversidad incluye varios aspectos: existe tanta diversidad como personas hay en el mundo. Las escuelas generan distintas barreras que obstaculizan el objetivo principal, y deben ser conscientes de esto, identificarlas y realizar acciones para erradicarlas.
  • Todo cambio efectivo debe ser organizado, y toda organización requiere un plan detallado con los objetivos que queremos lograr. Este plan ayudará a plasmar nuestra visión de lo que queremos y podremos realizar, un seguimiento concreto de las acciones realizadas y del verdadero impacto que estas producen. Ayudará a tomar decisiones en el camino para identificar qué está resultando y qué acciones no han dado fruto. Cada plan debe ser adecuado al contexto de la comunidad educativa. No existe un plan estándar que funcione en todas las escuelas por igual. Además, cada acción y objetivo debe tener una meta a corto o largo plazo.

Por otro lado, el plan de trabajo debe estar dirigido a transformar, tanto la mentalidad de las personas, como al plan educativo institucional.

  • Cuando la organización de la escuela se encuentra alineada con el plan de trabajo, con la misión y visión institucional, junto con acciones claras y en movimiento, es necesario comenzar con el cambio en las prácticas pedagógicas que se utilizan en el aula de clases. Para esto, es fundamental la capacitación constante de los docentes, la actualización de nuevas metodologías dirigidas a la atención de la diversidad, fomentar la educación socioemocional y generar espacios que permitan el desarrollo de valores y actividades que incluyan a toda la comunidad.
  • Contar con profesionales especializados y dedicados a generar acciones específicas para el logro del objetivo institucional, puede ser fundamental en algunas comunidades, ya que aportarán a la generación de ideas efectivas que favorezcan el aprendizaje integral. Por ejemplo, un equipo de convivencia escolar, un programa de integración para apoyo a los estudiantes, o quizás, un equipo multidisciplinario destinado al cumplimiento de las metas, orientando y apoyando la labor docente y a los directivos del establecimiento.
  • Es de vital importancia reconocer los errores que se han cometido para poder remediarlos y erradicar las malas prácticas arraigadas en el tiempo, teniendo presente, que cambiarlas es un trabajo difícil, pero trabajando en equipo, el objetivo se puede lograr.
  • Lamentablemente, la falta de recursos es común en los centros educativos públicos o subvencionados, es por esto, que el plan quizás no debe ser muy ambicioso y no debe contemplar una cantidad enorme de recursos económicos, ya que esto favorecerá al fracaso del plan. Si acceder a los recursos adicionales es difícil o quizás imposible, el trabajo debe contemplar acciones aterrizadas y coherentes con la realidad del establecimiento. Hay muchas acciones que no requieren la inversión de recursos, sino, de la transformación de prácticas educativas que favorezcan a la diversidad de la comunidad educativa.

Cada establecimiento es un mundo diverso y cada uno requiere diferentes acciones que favorezcan a todos los miembros. Si quieren lograr la transformación real, el compromiso y los objetivos deben estar basados en el anhelo de querer cambiar y, comprender, que la inclusión no es una moda pasajera, es una necesidad y una realidad que no se puede ignorar; la meta de toda persona involucrada en la educación, debe SER trabajar para implantarla en la sociedad y así, lograr que, desde la niñez, se desarrollen personas integrales que valoren y respeten la diversidad.


Acerca de la Autora

 

 

 

 

Gabriela Briceño Garay

Titulada con honores en Educación Diferencial (Chile), con Mención en Déficit Intelectual. Dentro de sus especializaciones y experiencias destacan el ser Especialista en Trastornos del Lenguaje y Dificultades del Aprendizaje, Jefatura Técnica Pedagógica y Coordinación de Programas de Integración Escolar, además de contar con un perfeccionamiento en Diseño Universal para el Aprendizaje y en Arteterapia. Actualmente cuenta con un Diplomado (c) en Educación Inclusiva.


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