¿Qué es la mediación intergeneracional?

Al hablar de mediación familiar, a todos nos vienen a la mente los casos de separación, con o sin hijos, con o sin bienes materiales comunes, que necesitan un consejo o un empujón que les  ayude en su caso particular. ¿Pero qué ocurre cuando se trata de mediar entre padres e hijos? En Aucal tenemos algunas respuestas.

Y no tiene por qué tratarse precisamente de jóvenes conflictivos, sino tan sólo de adolescentes que comienzan a salir con sus amigos, que, ante el descubrimiento de nuevas sensaciones, dejan un poco de lado sus obligaciones con los estudios y que comienzan a desafiar las normas de la casa.

Nuestros jóvenes tiene hoy al alcance de sus manos un mundo con móvil, redes sociales y relaciones a través de una pantalla que cada vez dificultan más las relaciones humanas, las de verdad, las de hablar cara a cara y no a través de una pantalla.

Los padres van notando poco a poco la total dependencia de sus hijos con respecto al móvil, el estar todo el día en activo, publicando cada movimiento que hacen; con esa necesidad, que se hace irracional, de retratar y poner nombre a las acciones más absurdas.

 

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Estos casos son también detectados en los colegios e institutos, donde se intenta poner remedio, pero ello no es tarea sencilla. Hacer comprender a un adolescente que su mundo no se reduce a una pantalla de 5 pulgadas es una tarea ardua.  No todos los casos son llevados ante un mediador ya sea por desconocimiento o por vergüenza.

Cuando existe un conflicto, las dos partes implicadas deben tener la capacidad de saber negociar para que tal conflicto no perdure en el tiempo, con el peligro que ello conlleva. Cuando las personas no tiene esa capacidad para el diálogo, se podrá acudir a un mediador. O quizás sí tengan esa habilidad, pero su implicación personal les hace no pensar con la claridad y la elocuencia necesarias.

 

 

Un mediador marcará unas pautas, unos tiempos en los que cada cual exponga sus preocupaciones. Los padres deberán comprender que es momento para empezar a dejar que los hijos tomen sus propias decisiones y dejarles espacio para que triunfen o aprendan de sus propios errores. Esto es, quizás, lo que más cuesta comprender. Resulta difícil comprender que los hijos ya no demanden tanto a sus padres porque su grupo de iguales les da todo aquello que necesitan.

Es importante aprender a proponer alternativas en conjunto, pensando en el bien de todos. Esta manera de enfocar las cosas la facilitará un mediador puesto que son técnicas que no se suelen trabajar y no todas las personas las tienen adquiridas. Se trata de ser asertivo, de exponer sin  criticar, de ser empático y pensar en tiempos pasados puesto que la adolescencia es un periodo que todos pasamos.

Los tiempos que vivimos no ayudan mucho al diálogo y la negociación , pero con el trabajo de todos se acaba consiguiendo. Por eso Aucal forma a las personas para conseguir estos objetivos, gracias al curso de Técnico Superior en Mediación Familiar.

 

¿Los tiempos que vivimos dificultan las relaciones humanas?

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